Vermut LOA Rojo
Especiado, aromático y con carácter. Una entrada dulce y un final amargo que invita a otro sorbo.
¿Qué pasaría si metiéramos el olivar dentro de un vermut?
Juan Francisco, llevaba años disfrutando del vermut y años rodeado de olivares. Dos mundos que nunca se habían encontrado.
La idea era sencilla: coger lo que hace único a Jaén, la oliva Picual, y convertirlo en el corazón de un vermut. Lo que no fue sencillo fueron los 8 años que tardamos en conseguirlo.
Ocho años de catas, de intentos, de “casi pero no”. Ocho años probando proporciones entre el genio clásico y el carácter verde
de la Picual. Ocho años ajustando el punto exacto entre el dulce y el amargo, entre la tradición del vermut y algo que no existía.
La respuesta llegó cuando dejamos de intentar que el olivar se adaptara al vermut y dejamos que el vermut se adaptara al olivar.
Fruto, tallo y hoja. Cada parte aporta algo distinto. El fruto, la grasa y la redondez. El tallo, el amargor seco. La hoja, el verde
fresco y envolvente.
El resultado: una receta que no existe en ningún otro vermut del mundo.
Jaén tiene más olivos que habitantes. La Picual es la variedad reina
— la más resistente, la más intensa, la que da ese amargor que a los de aquí nos encanta y a los de fuera les sorprende.
Usamos las tres partes del olivo:
El fruto aporta la grasa, la redondez, ese envolvente que suaviza el
amargor y lo hace elegante.
El tallo da el amargor seco y estructural — la columna vertebral del sabor.
La hoja trae el verde fresco, el aroma a campo recién llovido, lo que hace que LOA huela distinto a cualquier otro vermut.
Y todo ecológico. Sin pesticidas, sin atajos. Porque si el ingrediente que te hace único no es el mejor posible, ¿para qué lo pones?
Sí, con la luna. No es esoterismo — es tradición agrícola con siglos de historia.
Durante la maceración de nuestro extracto, seguimos los períodos sinódicos: el estado lunar influye en la concentración de los botánicos, marcando más o menos su presencia según la fase. Los agricultores de Jaén llevan generaciones podando, injertando y cosechando siguiendo la luna. Nosotros hacemos lo mismo con el vermut.
¿Ciencia o tradición? Probablemente las dos. Lo que sabemos seguro es que el resultado en copa habla por sí solo.
Úbeda es Patrimonio de la Humanidad, pero no por sus monumentos renacentistas. Es por su luz, por sus calles de piedra, por los olivares que la rodean hasta donde alcanza la vista. Es una de esas ciudades donde el tiempo funciona diferente — más lento, más atento a lo que importa.
LOA nace aquí porque no podría nacer en otro sitio. La Picual es de aquí. Los agricultores con los que trabajamos son de
aquí. Las manos que hacen este vermut son de aquí. No es un producto con denominación de origen — es un producto que solo existe porque existe este lugar.
Cada botella lleva dentro el carácter de esta tierra. Y si vienes a Úbeda, lo entenderás al primer sorbo.